Carta de los hijos de Pinus leída en ocasión de la colocación de la baldosa en la puerta de la casa en la que vivía.

Mónica Susana Pinus (Lucía)

Tenía 27 años, fue secuestrada el 12 de marzo de 1980 en el Aeropuerto Internacional de Río de Janeiro cuando regresaba al país. Realizó el secundario en el Normal 1 y allí también colocamos una baldosa con su nombre y el de otras estudiantes de ese colegio. Había estudiado Sociología y vivía en Córdoba 3386, Capital Federal.

Hicimos la baldosa el 8-3-08, junto a familiares y amigos de Mónica. Las palabras de sus hijos permiten conocer más la historia de vida de Mónica:

 “… Retazos fue lo que nos dejaron de vos. Imágenes perdidas, diseminadas. Presencias vagas. Muy poco. Sabíamos tu nombre, Mónica (un nombre hermoso). Sabíamos los nombres de tus padres, nuestros abuelos, León y Jacinta. Sabíamos que tu pelo era castaño, lacio, como el de Ana. Sabíamos también que te accidentaste una vez en un coche. Qué otra vez te balearon en la pierna cuando saliste a pintar paredes. También supimos que al llegar a Río, te fueron a buscar y nunca más te dejarían volver. Al quitarnos tu presencia, no sólo te alejaron de nosotros, sino que nos dejaron impotentes, con bronca, con dolor. No sólo te llevaron a vos, a tus compañeros y amigos. También nos dejaron retazos de aquel país donde creciste y soñaste. Nos metieron miedo y nos distanciaron el uno del otro […]. Nos dejaron mirándonos con desconfianza. Peleándonos entre nosotros. Compitiendo por sobrevivir. Con tus asesinos caminando por la calle. Con la traición de tus ideales por líderes cipayos. Nos partieron al medio, e hicieron de aquel país, miles de retazos perdidos. Allí fue donde quedamos, pero hoy estamos aquí. Y si es que hasta acá llegamos fue porque no nos resignamos a lo que nos dejaron. Suponemos (un poco, impulsados por la tozudez de tu esposo, Edy) y también, por esa necesidad imperiosa que surge desde lo más profundo, de conocerte, de rehacer, ya no aquellos lazos que cortaron, sino nuevos lazos. Construir con los retazos, hilar con ellos nuevos vínculos. Por eso te fuimos a buscar, como nos salió. Y así fuimos a reencontrarnos con tus amigos, con tus seres queridos, con tus compañeros. Volvimos a caminar por donde caminaste, a respirar aquel aire. Y entonces, supimos… Supimos que tu pelo castaño, tornaba plateado en tus vacaciones familiares en Miramar. Supimos que, vaya a saber por qué, decías girnasia cuando chica, como arrabalera […]. Supimos que durante un tiempo te la rebuscaste animando fiestas de chicos con títeres. Que te vestías muy bien, que eras muy femenina. Supimos que los ’70 te encontraron enamorada, con sueños, con ganas de armar una familia […]. Supimos que te metiste en psicología y después te cambiaste a sociología. Que por aquellos años te sumaste a la JP. Que fumabas. Que alguna vez fuiste a bailar a Pinar de Rocha. Que te mudaste a Ramos Mejía. Que militabas en William Morris y Villa Tesei. Que eras callada y paciente. Que te gustaba tomar el té. Que te gustaban las canciones de Serrat. Supimos que te golpearon muy fuerte las desapariciones de tu cuñado Guillermo y del Chufo. Supimos que luego del incidente de la pierna, tu rostro cambió definitivamente. Supimos que allá en la guardería cubana, ya montonera, tuviste que salir corriendo varias veces a la salita médica porque nos caíamos de la cama, nos golpeábamos o nos enfermábamos. Y que en esas situaciones no querías alejarte de nosotros. Supimos que te defendiste a carterazos. Y en esta mezcla de retazos que fuimos acumulando, nos fuimos acercando a vos, y reconstruyéndonos. Esta búsqueda no hubiese estado completa sin algo que ha venido ocurriendo en tu país. Porque de a poco, tras largos años de negarnos a aceptar los designios a los cuales parecíamos condenados, algo fue cambiando. Tu pueblo ha ido recuperando la memoria, algo de tus sueños. De a poco, fue poniéndole el nombre a las cosas. Y llamó genocidas a tus asesinos. Y ellos dejaron de caminar por la calle, pues esos que ordenaron tu muerte fueron juzgados y condenados. Y hoy, tu nombre ilumina tu facultad, la plaza de Morón, la ribera del río, tu antigua casa, y pronto iluminará a tu colegio. Nuevos aires nos permiten ilusionarnos, y aunque sabemos que esta historia nos deparará alegrías y reveses, apostamos a construir. Porque hoy, hemos construido lazos, hemos vuelto a mirarnos a la cara sin temores. Hoy, tratamos de construir, con alegría, entre muchos. Tratamos de construir lazos de amor. Construimos relaciones. Con nuestras parejas, Juan y Sofía. Nuestro padre, con Cristina, quién nos acompañó todos estos años, y nos dio una hermana, a quién le dimos tu nombre, porque tu nombre es hermoso, y ella -que es hermosa-  lo embellece aún más. Construimos lazos con los hijos de tus compañeros. Construimos lazos con nuestros amigos. Construimos lazos con otros jóvenes, que hoy empiezan a soñar como vos lo hacías, allá, en esos tiempos en donde todo era posible. Vieja, crecimos, vivimos. Recuperamos, ya no hay dolor, sino amor en nuestros corazones. Ésa, es nuestra victoria. Ésa, es tu victoria. Te recordamos, te amamos.” 

Ana y Miguel Binstock