Porque tenemos historia, hacemos memoria

La Escuela Normal N° 1 continúa mirando al futuro desde su historia.

La identidad de las instituciones se construye revisando y resignificando los hechos más relevantes de la trayectoria de quienes vivieron en ella.

Este es un espacio colaborativo de construcción de la memoria colectiva del Normal 1. Estudiantes y docentes de hoy y de antes de todos los niveles pueden contribuir a mantener esta memoria.

Este blog fue iniciado en el 2012 y luego quedó “suspendido”, hoy desde el Proyecto Derechos Humanos en la Escuela- Memoria en el Normal 1: “ellas lucharon antes, nosotras luchamos ahora”, decidimos retomarlo, completarlo, modificarlo para que quede un testimonio escrito de las cosas que vamos realizando, de la documentación que vamos encontrando y para que todos/as aquellos/as que lo lean conozcan nuestra historia y colaboren de modo de mantener una memoria abierta y actualizada sumando al conocimiento de lo pasado aquello que se actualiza en la reflexión y el análisis colectivo.

Los/as esperamos, los/as invitamos a participar leyendo, aportando datos y/o comentarios y difundiéndolo. ¡Gracias!

9 comentarios sobre “Porque tenemos historia, hacemos memoria

  1. MIRTA EDITH TRAJTENBERG (ANGELITA) PRESENTE
    Desaparecida el:1/11/77, Fue secuestrada en la vía pública en CAPITAL, vsta en E.S.M.A. EL BANCO y la ESMA. Vivía en Sarmiento 3009, Almagro.

    Jorge Semprún nació en España, se exilió en París con la guerra civil, militante comunista que fue apresado y llevado al campo de concetración Buchenwald, fue liberado en 1945.
    Escribe Semprún:

    No obstante, una duda me asalta sobre la posibilidad de contar. No porque la experiencia vivida sea indecible. Ha sido invivible, algo del todo diferente, como se comprende sin dificultad. Algo que no atañe a la forma de un relato posible, sino a su sustancia. No a su articulación, sino a su densidad. Sólo alcanzarán esta sustancia, esta densidad transparente, aquellos que sepan convertir su testimonio en un objeto artístico, en un espacio de creación. O de recreación. Únicamente el artificio de un relato dominado conseguirá transmitir parcialmente la verdad del testimonio. Cosa que no tiene nada de excepcional: sucede lo mismo con todas las grandes experiencias históricas.

    Siempre puede expresarse todo, en suma. Lo inefable de que tanto se habla no es más que una coartada. O una señal de pereza. Siempre puede decirse todo, el lenguaje lo contiene todo. Se puede expresar el amor más insensato, la más terrible crueldad. Se puede nombrar el mal, su sabor, de adormidera, sus dichas deletéreas. Se puede expresar a Dios, lo que no es poco. Se puede expresar la rosa y el rocío, el lapso de la mañana. Se puede expresar la ternura, el océano tutelar de la bondad. Se puede expresar el porvenir, los poetas se aventuran en él con los ojos cerrados, el labio fértil.

    Puede decirse todo de esta experiencia. Basta con pensarlo. Y con ponerse a ello. Con disponer del tiempo, sin duda, y del valor, de un relato ilimitado, probablemente interminable, iluminado –acotado también, por supuesto- por esta posibilidad de proseguir hasta el infinito. (…)

    ¿Pero puede oírse todo, imaginarse todo? ¿Podrá hacerse alguna vez? ¿Tendrán la paciencia, la pasión, la compasión, el rigor necesarios? …

    1. Sí, pocos como Semprún en su La escritura o la vida han expresado el tremendo conflicto de la memoria en quienes sufrieron, en su propio cuerpo, lo que es el infierno. Pero podemos expresarlo, atestiguarlo, difundirlo. Siempre que los mensajes lleguen. Porque, como dice Semprún, ¿habrá paciencia, pasión, compasión para escuchar? Lxs de la Shoá casi no pudieron hablar. En la patria, en cambio, los mensajes en múltiples soportes y artes

      llegan …

  2. No es seguro, pero creo haberla visto a ella, o a alguien muy parecida a ella, en el Hosp. Militar de Campo de Mayo en el año 1.978, muy delgada, caminaba arrastrando los pies, con un vestido negro, un saco negro, que le quedaba grande, unos lentes negros de motoquero, bien apretados al rostro, en pleno dìa, y la llevaba un soldado con un fusil fal. muy delgada, con mal color, como si no viera el sol, me llamò la atenciòn el mentòn alargado.Pasaba por el Hall que en ese momento separaba el sector de internaciòn de hombres del de mujeres del servicio de clìnica mèdica. Muchos años despuès supe lo que pasaba ahì. En ese momento la persona que yo visitaba me recomendaba que cuando entrara y saliera de ahì no hablara con nadie ni mirara a nadie, especialmente a los uniformados. Cosa que en ese momento me llamó la atención, pero no quisieron explicarme por qué. Solo me dijeron: ud. no sabe las cosas que se ven y escuchan aquí, especialmente de noche.

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